martes, 23 de febrero de 2010

Ha nacido un padre

La llegada de tu hijo ha despertado en ti sentimientos que antes desconocías. No te quedes ahí: mímale e implícate en sus cuidados para que, día a día, se vaya fortaleciendo el vínculo que os une.

'¡Es una niña!’ Al escuchar a la ginecóloga encargada de la ecografía se me saltaron las lágrimas. Podría haber sido en cualquier otro momento del embarazo. O tras el parto, al ver a mi hija por primera vez. Pero fueron esas palabras las que produjeron un cambio radical en mi interior”.

Ésta es la experiencia que yo, redactor del reportaje que estás leyendo, viví el día en que empecé a sentir eso que llaman el “instinto paternal”. Y esto es lo que desde entonces he ido descubriendo sobre el emocionante mundo de la paternidad.

RAZONES BIOLÓGICAS... Y ALGO MÁS

No hay duda de que el hombre está preparado para asumir un rol importante en la crianza de sus hijos. Otra cosa es que, por razones culturales o sociales, tradicionalmente esta función haya sido asumida en su mayor parte por la mujer. Muchos estudios confirman que los hombres tienen un instinto paternal, parecido al instinto maternal de las mujeres.

Durante el embarazo de sus parejas, los futuros papás segregan menos testosterona (hormona masculina) y más estradiol (hormona femenina), lo que se traduce en un cambio de actitud: están más relajados, más tiernos y atentos con su pareja, más predispuestos a colaborar...

Los expertos creen que, de algún modo, la madre envía un conjunto de señales imperceptibles que hacen que el instinto paternal se ponga en marcha. Y es para siempre: está demostrado que los hombres con hijos mantienen de por vida mayores niveles de estradiol y oxitocina (hormonas femeninas) que los que no tienen descendencia.

Pero no todo se puede reducir a la vertiente biológica para explicar el instinto paternal. “La naturaleza no nos lo da gratuitamente, ese instinto se ha de construir”. De hecho, los humanos somos totalmente dependientes al nacer, al bebé hay que cogerlo, arroparlo, darle de comer, cambiarle... Y al hacerlo vamos estableciendo vínculos emocionales con él, un proceso que se inicia incluso antes del nacimiento.

¿CUÁNDO SURGE ESTE SENTIMIENTO?

“No hay un momento concreto, pero está claro que con el test de embarazo positivo ya empiezan a pasar cosas”. La certeza de que uno va a ser padre marca un punto de inflexión.

“Aunque durante el primer trimestre, entre que no hay un cambio físico importante en la mujer y que existe un riesgo de aborto, el padre hasta se puede olvidar de que va a tener un hijo”, sostiene la experta. Es con las primeras ecografías y el aumento de la barriga cuando el padre empieza a tomar más conciencia de su condición.

“La ecografía es un momento fundamental, es cuando muchos hombres interiorizan que esto va de verdad”, añade. Además, la alta definición de las pruebas ecográficas actuales permite al papá ver con más nitidez al feto y aumentar su empatía con él. “Ahora se observan los rasgos de su cara, sus gestos, sus manos... Estas imágenes convierten en real al bebé que la madre lleva dentro".

Pero el cambio definitivo en el padre, el verdadero proceso de vinculación, surge cuando nace el niño. “En ese momento he visto a los hombres hablar en términos de responsabilidad que incluso para ellos eran totalmente nuevos”, dice la psicóloga, que cita un ejemplo real llegado a su consulta: “Me contaba un padre recién estrenado que al coger el coche nada más salir del hospital para llevar a su hijo a casa, se sintió fatal, porque fue cuando se percató de la enorme responsabilidad que había adquirido”.

Un rol distinto al de la madre

Hoy, afortunadamente, se entiende que la relación entre el padre y su niño ha de ser cálida y cercana. Pero no hay que olvidar que la interrelación entre ambos es distinta a la que tiene el hijo con su madre.

“Para ella es una relación carnal, tan intensa que en ocasiones el pequeño lo abarca todo en su vida. En cambio, la paternidad es más cerebral y más simbólica”.

Los papás suelen cumplir unas funciones determinadas en el desarrollo de sus pequeños: buscan para ellos la novedad, lo diferente. Esta influencia permite al niño salir de la rutina y la seguridad, mostrar curiosidad por el entorno y descubrir con más interés su mundo exterior. Además, los papás suelen potenciar más su desarrollo físico e impartir disciplina con más rigor que las mamás.

Esta diferencia de actitudes y comportamientos hace que el padre sea el contrapunto ideal de la madre para que el desarrollo emocional de sus hijos sea completo. “Es fundamental que el padre esté presente e intervenga en sus cuidados y en su educación, evitando que todo el peso recaiga en la madre. De no ser así, la dependencia materna podría tener consecuencias negativas para el pequeño”, sostiene categórica la psicóloga catalana.

CONSTRUYENDO EL VÍNCULO AFECTIVO

La importancia de desarrollar el instinto paternal trabajando día a día el vínculo entre padre e hijo. ¿Y cuál es la clave para conseguirlo?: “El papá ha de convertirse en un referente para el pequeño y acompañarlo en su proceso de hacerse mayor. Es un trabajo de construcción individual para el que no existen recetas concretas, salvo la de mantenerse cercano al niño”.

Por eso, si ahora eres un “papá embarazado”, es probable que ya estés estableciendo vínculos con el bebé que va a nacer: le hablas, le pones música, acaricias el vientre de tu pareja, la cuidas y la colmas de atenciones, la acompañas a las ecografías y al curso de preparación... Así te sientes más involucrado con tu familia y más consciente de tu importancia y responsabilidad. Vas por buen camino.

Y si tu hijo ya ha nacido, ahora tienes el privilegio de amarle y de sentir cómo te necesita, si compartes con la madre sus cuidados. Es una tarea dura, pero con recompensa. Y es un tiempo que no volverá. “Como padre has de intervenir en todo el proceso de regulación de sus necesidades (comer, dormir...), ya que el bebé no se autorregula, necesita de la ayuda de un adulto. Y a la vez debes transmitirle valores, deseos... y marcarle límites con una autoridad puntual y flexible. No se trata de que seas su amigo, sino su padre”. Para entonces ya sentirás la fuerza del instinto y la ilusión por ser el mejor papá del mundo. Seguro.

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