martes, 23 de febrero de 2010

Dolor de encías por la salida de los dientes

Menos mal que tu hijo cuenta contigo, y tú con estas indicaciones que te damos, para hacer frente a ese molesto dolor de encías, previo a la salida de los dientes, que no le deja estar tranquilo.

Hay bebés que nacen con algún diente y otros que no los echan hasta pasado el primer año. Pero en la mayoría de las ocasiones la dentición se inicia hacia los 5 meses y se completa entre los 24 y los 30 meses, con la aparición de los segundos molares. En este proceso influye mucho la herencia genética, así que si tu pareja o tú tardasteis en echar los dientes, no os extrañéis de que vuestro hijo aún no tenga ninguno, es lo normal en su caso y esa tardanza no denota un retraso en su crecimiento, ni tampoco falta de calcio o de vitamina D.

Si tu hijo lleva unos días más llorón, inquieto e irritable que de costumbre y no sabes por qué, mírale la boca y si tiene unos bultitos blancos en las encías y éstas se encuentran claramente inflamadas, no busques más: está con los dientes.

Otros síntomas típicos de la erupción dental son: el babeo constante (la salida de los dientes coincide con el incremento de la actividad de las glándulas salivares, imprescindible para que el pequeño pueda iniciarse en una dieta más variada), las escoceduras del culito y de la barbilla (la orina cambia su composición por influencia de la saliva, volviéndose más ácida y agresiva para la delicada piel del pequeño), los problemas para dormir (por las molestias), la inapetencia (debido a que el roce de la comida en las encías agudiza el dolor)... En cuanto a la febrícula (fiebre de hasta 37,7 ºC), las infecciones de garganta y las diarreas, son procesos que coinciden en el tiempo con la dentición, pero no están producidos por ella.

LOS REMEDIOS MÁS EFICACES

En cualquier caso, para que tu hijo deje de estar tan incómodo, pregunta a su pediatra si puedes darle un analgésico suave y aplica estas soluciones:

• Babero. Quítaselo sólo para acostarlo (en la cuna no debe tenerlo puesto) y cámbiaselo por otro seco cada vez que lo empape. Así le limpiarás cómodamente y evitarás que se le irrite la barbilla y que se moje la pechera, lo que aumentaría su propensión a los resfriados. Si a pesar de tus cuidados se le escuece el mentón, procura mantenerlo lo más seco posible y aplícale una pomada especial para las escoceduras provocadas por la saliva, que tenga óxido de zinc. La que le estás dando en el culete, si está elaborada con esta sustancia, también vale.

• Cambio de pañal. Estate muy atenta para cambiarle el pañal en cuanto lo necesite. Y si aun así se le irrita, déjale un rato con el pompis al aire antes de untarle la pomada antiescoceduras que te haya prescrito el pediatra.

• Comida. Antes de dársela, comprueba que está templada. Si está muy caliente, sus molestias se agudizarán.

• Masajes. Varias veces al día, dale un masaje circular sobre las encías con tu dedo meñique, previamente mojado en agua fría (el frío actúa como anestésico, aliviando el dolor). Pregunta al pediatra si puedes untarle un gel para las encías, pero no uses este medicamento a menudo: aunque alivia, con el tiempo endurece la encía, lo que dificulta la salida del diente y aumenta el dolor.

• Mordedores y aros para la dentición. Dáselos después de enfriarlos en la nevera (nunca congelados) y le aliviarán más. Otra ventaja de facilitar a tu hijo este tipo de accesorios es que evitarás que se lleve a la boca otros con los que podría hacerse daño.

• Cariño y entretenimiento. Muéstrate cariñosa con tu pequeño y distráele. Cuanto más entretenido esté, menos le costará olvidarse de sus molestias.

YA PUEDES LAVARLE LOS DIENTES

Nunca es demasiado pronto para empezar a lavar los dientes a tu hijo. Desde que le salgan los primeros piquitos (tienen forma de sierra porque hasta que eche las muelas los utilizará para cortar y desmenuzar), acostúmbrate a lavárselos a diario con una gasita impregnada en agua. Así le irás familiarizando con un hábito de aseo personal diario, imprescindible para su salud y su estética, y le evitarás molestias en el futuro.

Ha nacido un padre

La llegada de tu hijo ha despertado en ti sentimientos que antes desconocías. No te quedes ahí: mímale e implícate en sus cuidados para que, día a día, se vaya fortaleciendo el vínculo que os une.

'¡Es una niña!’ Al escuchar a la ginecóloga encargada de la ecografía se me saltaron las lágrimas. Podría haber sido en cualquier otro momento del embarazo. O tras el parto, al ver a mi hija por primera vez. Pero fueron esas palabras las que produjeron un cambio radical en mi interior”.

Ésta es la experiencia que yo, redactor del reportaje que estás leyendo, viví el día en que empecé a sentir eso que llaman el “instinto paternal”. Y esto es lo que desde entonces he ido descubriendo sobre el emocionante mundo de la paternidad.

RAZONES BIOLÓGICAS... Y ALGO MÁS

No hay duda de que el hombre está preparado para asumir un rol importante en la crianza de sus hijos. Otra cosa es que, por razones culturales o sociales, tradicionalmente esta función haya sido asumida en su mayor parte por la mujer. Muchos estudios confirman que los hombres tienen un instinto paternal, parecido al instinto maternal de las mujeres.

Durante el embarazo de sus parejas, los futuros papás segregan menos testosterona (hormona masculina) y más estradiol (hormona femenina), lo que se traduce en un cambio de actitud: están más relajados, más tiernos y atentos con su pareja, más predispuestos a colaborar...

Los expertos creen que, de algún modo, la madre envía un conjunto de señales imperceptibles que hacen que el instinto paternal se ponga en marcha. Y es para siempre: está demostrado que los hombres con hijos mantienen de por vida mayores niveles de estradiol y oxitocina (hormonas femeninas) que los que no tienen descendencia.

Pero no todo se puede reducir a la vertiente biológica para explicar el instinto paternal. “La naturaleza no nos lo da gratuitamente, ese instinto se ha de construir”. De hecho, los humanos somos totalmente dependientes al nacer, al bebé hay que cogerlo, arroparlo, darle de comer, cambiarle... Y al hacerlo vamos estableciendo vínculos emocionales con él, un proceso que se inicia incluso antes del nacimiento.

¿CUÁNDO SURGE ESTE SENTIMIENTO?

“No hay un momento concreto, pero está claro que con el test de embarazo positivo ya empiezan a pasar cosas”. La certeza de que uno va a ser padre marca un punto de inflexión.

“Aunque durante el primer trimestre, entre que no hay un cambio físico importante en la mujer y que existe un riesgo de aborto, el padre hasta se puede olvidar de que va a tener un hijo”, sostiene la experta. Es con las primeras ecografías y el aumento de la barriga cuando el padre empieza a tomar más conciencia de su condición.

“La ecografía es un momento fundamental, es cuando muchos hombres interiorizan que esto va de verdad”, añade. Además, la alta definición de las pruebas ecográficas actuales permite al papá ver con más nitidez al feto y aumentar su empatía con él. “Ahora se observan los rasgos de su cara, sus gestos, sus manos... Estas imágenes convierten en real al bebé que la madre lleva dentro".

Pero el cambio definitivo en el padre, el verdadero proceso de vinculación, surge cuando nace el niño. “En ese momento he visto a los hombres hablar en términos de responsabilidad que incluso para ellos eran totalmente nuevos”, dice la psicóloga, que cita un ejemplo real llegado a su consulta: “Me contaba un padre recién estrenado que al coger el coche nada más salir del hospital para llevar a su hijo a casa, se sintió fatal, porque fue cuando se percató de la enorme responsabilidad que había adquirido”.

Un rol distinto al de la madre

Hoy, afortunadamente, se entiende que la relación entre el padre y su niño ha de ser cálida y cercana. Pero no hay que olvidar que la interrelación entre ambos es distinta a la que tiene el hijo con su madre.

“Para ella es una relación carnal, tan intensa que en ocasiones el pequeño lo abarca todo en su vida. En cambio, la paternidad es más cerebral y más simbólica”.

Los papás suelen cumplir unas funciones determinadas en el desarrollo de sus pequeños: buscan para ellos la novedad, lo diferente. Esta influencia permite al niño salir de la rutina y la seguridad, mostrar curiosidad por el entorno y descubrir con más interés su mundo exterior. Además, los papás suelen potenciar más su desarrollo físico e impartir disciplina con más rigor que las mamás.

Esta diferencia de actitudes y comportamientos hace que el padre sea el contrapunto ideal de la madre para que el desarrollo emocional de sus hijos sea completo. “Es fundamental que el padre esté presente e intervenga en sus cuidados y en su educación, evitando que todo el peso recaiga en la madre. De no ser así, la dependencia materna podría tener consecuencias negativas para el pequeño”, sostiene categórica la psicóloga catalana.

CONSTRUYENDO EL VÍNCULO AFECTIVO

La importancia de desarrollar el instinto paternal trabajando día a día el vínculo entre padre e hijo. ¿Y cuál es la clave para conseguirlo?: “El papá ha de convertirse en un referente para el pequeño y acompañarlo en su proceso de hacerse mayor. Es un trabajo de construcción individual para el que no existen recetas concretas, salvo la de mantenerse cercano al niño”.

Por eso, si ahora eres un “papá embarazado”, es probable que ya estés estableciendo vínculos con el bebé que va a nacer: le hablas, le pones música, acaricias el vientre de tu pareja, la cuidas y la colmas de atenciones, la acompañas a las ecografías y al curso de preparación... Así te sientes más involucrado con tu familia y más consciente de tu importancia y responsabilidad. Vas por buen camino.

Y si tu hijo ya ha nacido, ahora tienes el privilegio de amarle y de sentir cómo te necesita, si compartes con la madre sus cuidados. Es una tarea dura, pero con recompensa. Y es un tiempo que no volverá. “Como padre has de intervenir en todo el proceso de regulación de sus necesidades (comer, dormir...), ya que el bebé no se autorregula, necesita de la ayuda de un adulto. Y a la vez debes transmitirle valores, deseos... y marcarle límites con una autoridad puntual y flexible. No se trata de que seas su amigo, sino su padre”. Para entonces ya sentirás la fuerza del instinto y la ilusión por ser el mejor papá del mundo. Seguro.
Ya llega el parto

Los días previos al nacimiento del bebé son muy emocionantes: tu cuerpo y tu mente se preparan para recibir bien a tu hijo.

Has cumplido la semana 37 de embarazo y te queda poquísimo para ver a tu bebé. Cada mujer vive esta última etapa de forma distinta. “Se mezclan nerviosismo y esperanza, la ilusión por conocer a tu hijo con la pena por dejar el embarazo. Sentimientos contradictorios, pero ¡tan reales!”,

 
MUCHOS CAMBIOS

Tu organismo se prepara para el parto. El obstetra quizá te diga que el cuello del útero ha empezado a ablandarse. Seguirás notando las contracciones de Braxton Hicks. Son irregulares, indoloras y su función es ir preparando el canal del parto. Sin embargo, ahora se intensifican en frecuencia.

También ocurre en esta época el llamado falso parto: “Contracciones molestas que de repente cesan y que pueden durar una o dos horas. Lo viven 3 de cada 10 mujeres y no tiene importancia. El parto aún puede hacerse esperar incluso una semana”.

Durante estas últimas semanas tu hijo desciende hacia la parte baja de la pelvis, en posición para nacer. Eso no significa que el parto sea inminente, pero sí que se acerca. El encajamiento suele ir acompañado de molestias en la pelvis y al andar. En contrapartida, las mujeres que tenían dificultades para respirar, debido a la compresión del diafragma por la matriz, ahora notan un gran alivio.

Otra señal de que el parto está próximo (aunque puede faltar más de una semana) es la expulsión del tapón mucoso, que ha estado sellando el cuello del útero. Lo notarás porque verás un flujo consistente, gelatinoso, marrón.

Molestias y pruebas del final del embarazo

El aumento de peso ha llegado a su punto máximo y eso puede empeorar las molestias en las lumbares y los picores en la barriga. También dificultará que concilies el sueño. Y es probable que sufras acidez o ardores estomacales. Si son fuertes tu médico puede recetarte un antiácido.

En las últimas semanas la acumulación de líquidos empeora. El resultado es que notas las manos y las piernas más hinchadas. Por último, las hemorroides son otra molestia que se agrava al final del embarazo.

LAS PRUEBAS FINALES

A estas alturas las pruebas médicas se centran en el tacto vaginal, para ver si hay dilatación y si el bebé está encajado, y el registro cardiotocográfico fetal, para comprobar el bienestar del bebé y tus contracciones. Además, en cada visita (cada 7 o 10 días) te controlarán el peso y la tensión arterial. Entre la semana 35 y la 37 el obstetra realiza un cultivo vaginal. Es una prueba sencilla e indolora para detectar si hay estreptococos que pudieran pasar al bebé en el parto.

“Además, aunque ahora el bebé se mueve menos, por la falta de espacio, solemos pedir a las embarazadas que controlen sus movimientos, porque en caso de que cesaran podría ser indicativo de algún problema”.

¿Y cómo sabrás que comienza el parto? Hay dos señales inequívocas:

• Contracciones efectivas. Son regulares y verás que la tripa se pone dura y puntiaguda. Empiezan cada media hora y después cada 15 minutos. Habrá que ir al hospital cuando las tengas cada 3-5 minutos durante una hora. Si ya has tenido hijos, ve cuando las tengas cada 5 minutos.

• Rotura de la bolsa amniótica. Lo que se conoce como “romper aguas”. Puede que notes un gran chorro o sólo un poquito de agua. Es hora de ir al hospital. Si las aguas son limpias no hay prisa, pero si son de color verde oscuro deberás ir a urgencias. Cuando la bolsa se rompe y no hay contracciones (15% de los casos) se suele inducir el parto para evitar infecciones. Dentro de muy poco tendrás contigo a tu bebé.

lunes, 22 de febrero de 2010

La dermatitis o irritación de pañal

¿Qué apariencia tiene la dermatitis de pañal?
 
La dermatitis de pañal (también llamada irritación o rozadura de pañal) no siempre tiene la misma apariencia, pero si la piel bajo el pañal del bebé, sobre todo alrededor de la zona genital y entre las nalgas, se ve roja, lo más probable es que esté irritado. También es posible que la piel esté un poco hinchada y caliente.

La irritación podría ser muy leve, pequeños granitos rojos en un área muy pequeña, o bastante extensa, con zonas hinchadas, rojas y sensibles que se alargan hasta el vientre y los muslos del niño.
 
¿Por qué se irrita tanto la piel de mi bebé?
 
La dermatitis de pañal puede ser provocada por una serie de factores, desde un cambio en la alimentación del bebé hasta su propia orina. He aquí las causas más comunes:
 
• Humedad. Hasta el pañal más absorbente deja algo de humedad en contacto con la delicada piel del bebé. Y cuando la orina se mezcla con las bacterias presentes en las deposiciones, durante el proceso de descomposición se produce amoníaco, el cual puede ser muy irritante para la piel del bebé.

Aunque es verdad que si el bebé lleva pañales mojados por mucho tiempo aumenta la posibilidad de que tenga dermatitis de pañal, este problema puede afectar a cualquier bebé que tenga la piel sensible, aunque sus padres le cambien a menudo el pañal.
 
• Fricción contra el pañal o sensibilidad a ciertos productos. La irritación de tu bebé podría ser una consecuencia del roce del pañal contra su piel, sobre todo si es muy sensible a las fragancias y otros productos químicos utilizados en los pañales desechables, o al detergente usado para lavar los pañales de tela. También podría ser que los polvos o loción que le estés aplicando al cambiarle el pañal estén irritando su delicada piel.
 
• Cambios en la dieta. No es raro que los bebés empiecen a tener dermatitis de pañal cuando empiezan a comer alimentos sólidos o cuando incluimos nuevas comidas en su dieta. Cualquier alimento diferente cambia la composición de las deposiciones del bebé, al igual que también puede aumentar la frecuencia de éstas. Si le estás dando el pecho, la reacción en la piel de tu bebé incluso podría ser por algo que tú has comido.
 
• Infección. Por debajo del pañal la piel permanece cálida y húmeda, que es lo que más les gusta a las bacterias y a los hongos. Por eso es fácil que se desarrolle una infección por hongos o bacterias que dé lugar a la irritación de pañal, sobre todo entre los pliegues de la piel del bebé.
 
Además, si el bebé está tomando antibióticos (o si los estás tomando tú y le estás dando pecho) es posible que aparezca una infección por hongos, ya que los antibióticos no sólo destruyen a las bacterias nocivas sino también a las que cumplen la función de controlar a la población de hongos. Los antibióticos también pueden causar diarrea, que también puede provocar irritación.
El afta es una clase de infección por hongos que suele salir en la boca del bebé y alrededor de los pezones de la madre. Algunos bebés que tienen afta oral pueden desarrollar una infección por hongos también en el área del pañal.
 
¿Es necesario llevar al bebé al pediatra por una dermatitis de pañal?
 
Probablemente no. Con un poco de cuidado y dedicación, la mayoría de los casos de dermatitis de pañal se solucionan en tres o cuatro días sin la ayuda del pediatra.

Sí debes llamar al pediatra si la piel parece haberse infectado (tiene ampollas, granitos de pus, áreas con secreción amarillenta, o heridas abiertas). Es posible que el pediatra le recete un antibiótico oral.

Si la irritación ha sido causada por una infección de hongos, probablemente te recete una crema contra los hongos que se aplicará sobre la zona afectada. También debes llamar al pediatra si el bebé empieza a tener fiebre o si la irritación no desaparece tras varios días de tratamientos caseros.
 
¿Cuál es el mejor tratamiento para la dermatitis de pañal?
 
Mantén al bebé limpio y seco cambiándole a menudo el pañal. Tal vez hasta tengas que despertarlo en medio de la noche para hacerlo.
 
Enjuágale bien el área genital y el culito cada vez que le cambies el pañal. A algunos padres les gusta tener a la mano bolitas de algodón y una botellita de agua templada (puedes mantenerla en un recipiente térmico) para rociar y limpiar con delicadeza el área. Sécale la piel aplicándole la toalla con suavidad y sin frotar.

Si usas una crema protectora después de cada cambio de pañal — de esas que forman una capa impermeable sobre la piel —, ayudarás a proteger la piel irritada del bebé de sus deposiciones y orina. Hay varias cremas buenas a la venta, incluyendo los ungüentos o pomadas a base de petrolato y de óxido blanco de zinc, que es más pastoso y muy eficaz para proteger pieles muy delicadas.

Al ponerle el pañal, déjaselo un poco flojo, o usa una talla un poco mayor para que circule más el aire. Si usas pañales de tela, no le pongas cubiertas de plástico. Si compras pañales desechables, prueba una marca diferente para ver si el cambio ayuda.

Si hace buen tiempo y tu bebé puede jugar fuera o en una habitación con un suelo fácil de limpiar, déjalo sin pañal (y sin crema protectora) tanto tiempo como sea posible todos los días. El contacto con el aire acelera la cura.
 
Asimismo, plantéate dejarlo dormir sin pañales siempre que tenga la piel de su culito muy irritada. Cubre el colchón con un protector impermeable bajo la sábana.
 
¿Cómo se puede prevenir la dermatitis de pañal?
 
Las siguientes medidas funcionan muy bien:

1. Lo mejor que puedes hacer para prevenir la irritación es mantener el área genital y el culito del bebé lo más seco posible, o sea que cámbiale el pañal tan pronto como notes que lo tiene mojado o sucio.

2. Limpia cuidadosamente el área genital cada vez que lo cambies. Sécale la piel delicadamente con un pañito o una toalla, y nunca se la frotes.

3. Si el pequeño parece tener una propensión a la dermatitis de pañal, úntale una capa fina de crema o pomada protectora cada vez que lo cambies. Hay varias buenas cremas protectoras a la venta, incluyendo los ungüentos o pomadas a base de petrolato y de óxido blanco de zinc (pastoso y muy eficaz para proteger pieles muy sensibles). Puedes usar petrolato puro (vaselina) como crema protectora, pero tiene el inconveniente de que se quita fácilmente con la fricción del pañal.
 
4. Evita los polvos de talco, ya que el bebé puede aspirarlos y son dañinos para sus pulmones. Si te gusta usar polvos, elige unos que estén hechos a base de almidón de maíz (maicena). Échalos primero en tu mano — lejos de la carita del bebé — y nunca directamente sobre su cuerpo o cerca de él para que no los respire, y mantén el recipiente siempre fuera de su alcance. Siempre que le cambies el pañal, limpia bien los polvos que se hayan acumulado entre los pliegues de la piel del bebé.

5. Cuando llegue la hora de incluir alimentos sólidos en su dieta, añádeselos de uno a uno. Si esperas un par de días para probar un nuevo alimento, será más fácil determinar si ese alimento le está causando la irritación, y eliminarlo de su dieta.

6. No le pongas el pañal tan ajustado que no permita que circule el aire. La ropa suelta ventilará mejor toda la piel bajo el pañal. Por el mismo motivo, evita también los cobertores de plástico y otros materiales impermeables.

7. Si usas pañales de tela, no los laves con detergentes que contengan fragancias ni uses suavizantes: ambos pueden irritarle la piel. Lava los pañales en agua caliente y enjuágalos dos veces. Puedes también agregar media taza de vinagre al agua del primer aclarado para eliminar los residuos de productos alcalinos irritantes.

8. Dale el pecho a tu bebé tanto tiempo como sea posible. Tu leche aumentará su resistencia a las infecciones en general, reduciendo la posibilidad de que necesite antibióticos, que pueden provocar la irritación de pañal.

9. Si llevas a tu bebé a una guardería, asegúrate de que las personas que lo cuiden comprendan la importancia de seguir estas recomendaciones para prevenir la dermatitis de pañal.

Cómo cambiar pañales: una guía para los nuevos padres
 
El arte de cambiar pañales
 
A no ser que te hayas criado con varios hermanos pequeños o que hayas sido una dedicada tía, necesitarás un poco de práctica para aprender el arte de cambiar pañales. Te aseguramos que sí lo vas a dominar, y pronto, ya que en las primeras semanas tendrás muchísimas oportunidades de entrenarte. La práctica te llevará a la perfección, pero no sin antes tener que pasar por algunos pañales colocados al revés, otros que pierden su contenido, y hasta alguna salpicadura accidental si tienes un nene. Mientras tanto, puedes mejorar tu entrenamiento siguiendo los consejos de esta guía paso a paso.

Prepárate
 
Lávate y sécate las manos (puedes utilizar una toallita desechable).

Elige un lugar calentito, limpio y seco para cambiar al bebé. Puedes usar un colchoncito especial para cambiar bebés, pero también te servirá una toalla, un pañal de tela limpio o cualquier otra superficie suave y cálida.
 
Prepara todo el material necesario. Si usas pañales desechables, necesitarás un pañal limpio y una bolsa de plástico; si usas pañales de gasa o toalla, necesitarás un pañal limpio, imperdibles y un pantaloncito impermeable y si usas pañales de tela ajustados: un pañal limpio y un cubre pañales.

Cómo cambiar un pañal desechable
 
Las ilustraciones correspondientes a las instrucciones paso a paso seguirán apareciendo de forma continua.

1. Suelta los cierres adhesivos del pañal y dóblalos hacia atrás, pegándolos sobre sí mismos para que no se adhieran a la piel del bebé, pero no le quites todavía el pañal sucio.

2. Si hay caquita, límpiala primero con el propio pañal, teniendo cuidado de tapar el pene (si es un niño) con una toallita por motivos de higiene y para evitar la "salpicadura" que mencionamos anteriormente.
 
3. Con una mano, sujeta al bebé por los tobillos y súbele levemente las piernas levantándole un poco el culito. Aunque este gesto parezca un poco raro, es una manera muy eficiente de hacerlo.

4. Dobla por en medio el pañal sucio y déjalo debajo del culito del bebé, con la parte sucia en el interior del pañal.

5. Usa una toallita desechable para bebés o una toallita de tela mojada para limpiar cuidadosamente el área genital del bebé. Las niñas se deben limpiar de adelante hacia atrás (en el sentido opuesto a su vagina). Esto disminuirá la posibilidad de que entren bacterias del recto a la vagina que podrían causar una infección.
 
6. Levanta las dos piernas del bebé y límpiale el culito.

7. Cambia el pañal sucio por uno limpio. Abre el pañal y coloca la parte que tiene los cierres adhesivos bajo el culito del bebé. Ahora dobla la parte de abajo sobre la barriguita del bebé, pasándolo entre sus piernas (sepárale las piernas lo más posible, pero sin hacerle daño). Si tu bebé tiene tendencia a la irritación o dermatitis de pañal, puedes ponerle una crema protectora.

Ten cuidado de que el pañal no abulte demasiado entre las piernas del bebé, porque podría provocar irritación e incomodidad. En los recién nacidos, evita cubrir el cordón umbilical (hay algunos pañales diseñados especialmente para los recién nacidos que tienen recortada la parte delantera). Para los niños, cerciórate de que el pene esté apuntando hacia abajo para reducir la posibilidad de que se salga la orina.
 
8. Cierra el pañal pegando las tiras adhesivas de los dos lados. Asegúrate de que quede bien ajustado, pero no tanto que le pellizque la piel. Consulta las instrucciones del fabricante del pañal para otros consejos específicos de esa marca.

Cierra el pañal sucio, envolviéndolo y pegándole las tiras alrededor de sí mismo. Colócalo en la bolsa de plástico y tíralo en la basura o en el bote de los pañales sucios. Viste al bebé, lávate bien las manos, ¡y ya está!

Cómo limpiarle el culete

Al bebé recién nacido

Asear los genitales y el culete a tu pequeño es la tarea que más veces repetirás a lo largo del día. No resulta complicada, pero debes realizarla muy bien para mantenerle lejos de irritaciones e infecciones.

Durante sus primeras semanas de vida deberás cambiar el pañal a tu bebé después de cada toma y siempre que se haga caca o le notes incómodo, unas ocho o diez veces al día (si moja menos de cinco pañales diarios llévale a urgencias inmediatamente, porque puede tener las vías urinarias obstruidas).

Si está dormido y notas que se ha hecho caca, no demores el cambio hasta la siguiente toma.

Su piel es muy sensible y cuanto más tiempo permanezca en contacto con las heces, más probable es que se le irrite. Límpiale y cámbiale con suavidad y seguirá durmiendo.

DE DELANTE HACIA ATRÁS

Para realizar el aseo lo más práctico son las toallitas húmedas específicas para este uso.

Sin embargo, habrá ocasiones en las que para retirar las heces también tendrás que utilizar una esponja humedecida en agua tibia y un poco de jabón especial para bebés.

Escoge una esponja suave, dedícala exclusivamente a este uso y un par de veces a la semana, lávala con agua muy caliente y un detergente para prendas delicadas.

Para evitar infecciones al bebé es importantísimo que le pases las toallitas y la esponja siempre de delante hacia atrás y que aclares ésta con agua antes de iniciar la siguiente pasada.

Si es una niña tendrás que limpiarle la zona interior de los labios mayores con una gasita estéril humedecida en agua tibia.

Y si es un niño deberás retirarle hacia atrás el prepucio (la piel que recubre el glande), con mucho cuidado, para limpiarle las secreciones que tenga en esta zona.

Si te cuesta retirarle esta piel, no lo hagas y díselo al pediatra (si tiene fimosis, es decir, el prepucio estrecho, es mejor que esta maniobra la realice el médico).

CREMA EN CADA CAMBIO

Una vez limpios los genitales y el culete, espera unos instantes hasta que tu pequeño tenga la zona completamente seca para aplicarle la crema protectora y ponerle el pañal limpio (la humedad favorece la proliferación de hongos y las irritaciones).

Acuérdate de echarle la crema de protección en cada cambio, no solo cuando esté irritado.

Su función es crear una película que evite el contacto de la piel con las heces y la orina, previniendo así las incómodas escoceduras.

Por el contrario, prescinde de los polvos de talco (sí puedes usar talco líquido); no solo no protegen, sino que además resecan mucho la piel, por lo que no resultan adecuados para este uso.

Al poner el pañal a tu pequeño, no se lo dejes suelto pensando que así estará más cómodo, porque se le caerá y le molestará.

Debes ajustárselo bien a la cintura (sin que le oprima), para que le mantenga la pinza del ombligo en su sitio y absorba bien el pis.

Y si a pesar de tus cuidados, a tu hijo se le irrita el culete en alguna ocasión, no pienses que has hecho algo mal.

Los bebés tienen la piel hipersensible y es inevitable que se escuezan de vez en cuando.

Sustituye la crema protectora por la que te recomiende el pediatra y verás cómo la piel se le cura antes de lo que piensas.

Cómo limpiar el culito del recién nacido:

Antes que nada, es necesario cambiar el pañal y limpiar el culito del bebé.
 
Necesitas toallitas humedecidas específicas para niños y agua hervida templada en la que se habrá disuelto una cucharada de bicarbonato. Evitar los jabones, que podrían irritar su delicada piel.

Con los niños: limpia todos sus plieguecitos y después el prepucio estirándolo hacia atrás, pero sin forzar. Para finalizar, limpiar el pene y los testículos.

Con las niñas: limpia con movimientos de delante hacia atrás, con el fin de no transportar los residuos de las heces hacia la vagina, y sin presionar, la zona entre los labios mayores y menores. Después de limpiar las nalgas y el ano, seca sin frotar.

Ocho pañales al día

Ésta es la cantidad media aproximada que necesitará tu hijo durante sus primeras semanas de vida. Pero ¿qué pasa si moja más pañales? ¿Y si moja menos?.

Una norma que se cumple al 100% en los recién nacidos es que mojan el pañal en cada toma.

Vigila que el tuyo siga esta regla a rajatabla, porque es la señal más fiable de que sus riñones funcionan a la perfección.

En cuanto a la cantidad de orina que hacen los pequeños, es algo que depende de dos factores: de lo que beben a lo largo del día y de la sudoración corporal.

Aún así, lo normal es que mojen entre ocho y diez pañales cada 24 horas.

Esta frecuencia se explica porque la vejiga de los recién nacidos es muy pequeña (sólo tiene capacidad para 40 o 50 ml) y se vacía espontáneamente en cuanto contiene entre 15 y 20 ml de orina.

Pero, ¿qué ocurre si los pañales de tu hijo están casi siempre secos o, por el contrario, si no paras de cambiarle?

CONTROLA LA FRECUENCIA

Asegúrate de que tu bebé hace las tomas que le corresponden, procura que beba agua entre ellas e intenta arroparle lo justo para que no sude.

Si aun así moja menos de cinco pañales al día, llévale a urgencias.

Lo más probable es que no le ocurra nada malo, pero existe la posibilidad de que tenga semiobstruidos los conductos urinarios, una alteración que habría que solucionar sin perder tiempo.

En el caso opuesto, es decir, si tu hijo tiene siempre el pañal mojado y el número de veces que le cambias al día se dispara, también debes decírselo a su pediatra sin demora, para que le prescriba las pruebas oportunas y compruebe si padece algún problema de salud (urinario, renal...).

Al principio, cambiar el pañal al recién nacido puede parecer complicado. Sólo necesitas algo de práctica, mucha confianza y algunos consejos como los que te ofrecemos.

El bebé es tan pequeño y se ve tan indefenso y frágil, que toda precaución y delicadeza parecen pocas. Las cremas, las toallitas, el talco, el pañal... necesitas mil manos al mismo tiempo que no puedes perder de vista al niño en ningún momento. Tal vez, un poco de organización sea de gran ayuda.
 
Cómo cambiar los primeros pañales, paso a paso:
 
• Antes de desvestir al pequeño, asegúrate de tener todo lo necesario a mano.

• Tiende al niño sobre una toalla limpia y quítale el pañal sucio.
 
• A continuación, elimina la suciedad y los residuos de crema con una toallita húmeda o con un algodón.
 
• Lávale el culito con agua templada y un jabón específico para niños.
 
• Sécale con delicadeza, insistiendo en los pliegues de la piel y aplícale un poco de crema protectora, que contenga óxido de zinc, o un aceite emoliente.
 
• Entonces, le puedes poner otro pañal, procurando no ceñirlo demasiado a la cintura.
 
• Si todavía no se le ha caído el cordón umbilical, no olvides que se lo debes curar cada vez que le cambies, siguiendo las indicaciones del pediatra.

Si tu bebé es un niño, le debes colocar el pene hacia abajo, con el fin de que no moje la gasa de pipí.

¿Es normal que la caquita de mi recién nacido sea muy líquida?

Es normal que los recién nacidos tengan evacuaciones líquidas frecuentes.

Los intestinos d los recién nacidos no absorben muy bien el alimento, y gran parte de lo que comen se expulsa en el excremento. Después de los primeros meses mejora la absorción, lo cual resulta en heces más sólidas y menos frecuentes. Pero si tu bebé está alerta, se despierta para alimentarse y orina a menudo, probablemente está ingiriendo suficiente líquido y no pierde demasiado en sus evacuaciones.
 
HAZTE EXPERTA EN LOS CAMBIOS DEL PAÑAL

En los cambios de pañal nocturnos, es fundamental que el bebé no se altere y se vuelva a dormir enseguida. El truco: abre el sucio, retíralo arrastrando el “regalito”, pasa la toallita o la esponja por el culete de delante hacia atrás, sécale con unos toques de toalla, unta la crema balsámica, desliza bajo él el nuevo pañal y abróchalo sin que le apriete y sin que le quede suelto.

No olvides que por el día, los cambios de pañal son perfectos para hacerle arrumacos y gimnasia de brazos y piernas. ¡Ah! y apréndete sus hábitos, hay bebés muy regulares (lo hacen justo tras la toma, o justo después de jugar) y puedes ahorrarte algunos cambios.
 
Cambiar el pañal

Es sencillo, pero tiene su truco. Sigue estos pasos y, mientras lo haces, no olvides hablarle, mirarle, acariciarle...

1 Todo listo y a mano

Antes de cambiar el pañal, prepara lo que vas a necesitar: coloca junto al cambiador el pañal limpio, toallitas húmedas, gasitas para secar y crema para el culete. Así tendrás todo a mano y no desatenderás al bebé ni un segundo.

2 Limpia de dentro afuera

Coloca al niño sobre el cambiador y coge una toallita húmeda. Limpia los pliegues de las ingles y la zona genital de dentro a fuera y de arriba a abajo. Esto último es fundamental si es una niña. Si es niño, incide bajo el pene y alrededor de los testículos.

3 Extiende la pomada

Deja que la zona se seque al aire durante unos segundos o sécala con una gasa, dando toquecitos. Después, si es necesario (siempre si se ha hecho caca), aplica una crema específica, también de arriba a abajo y de dentro a fuera, realizando un ligero masaje para que el producto penetre bien en la piel y la proteja.

4 Coloca el pañal

Coge con una mano los pies del bebé metiendo un dedo entre sus tobillos, para que no choquen y no se haga daño. Elévalo con cuidado, hasta que levante el culete y coloca bajo él el pañal abierto y por la parte de los adhesivos.

5 Comprueba que ajusta bien

Baja las piernas del niño, sube la parte delantera del pañal y luego cierra los adhesivos. Comprueba que quedan simétricos y que el pañal está bien ajustado, ni flojo ni muy apretado. Puedes asegurarte de que no le oprime metiendo un dedo entre el pañal y el bebé.

¿Cuántas deposiciones hará?

En las primeras semanas mojará unos 6-10 pañales al día (a veces muy poco). Y en cuanto a las caquitas, varía mucho de un bebé a otro. Más que la cantidad de veces, lo que importa es que la consistencia y el color sean adecuados (si le das el pecho serán doradas y líquidas, y si toma biberón, más oscuras y densas) y que no le cueste trabajo hacerlas.
Baño divertido

Si quieres que el baño de tus hijos sea más divertido prueba a colocarle figuritas de diferentes colores (de las antideslizantes para las duchas) en la bañera o el plato de ducha. A la hora de bañarlos se lo pasarán bomba pegándolas y despegándolas y vosotros lo podréis bañar relajadamente

BAÑALE Y SÉCALE MUY BIEN

Además de este consejo, en la higiene del bebé debes recordar varias pautas. Así, no es necesario bañarle todos los días, pero sí conviene hacerlo siempre a la misma hora, para crear una rutina. Cuando lo hagas, con el agua a 37 ºC, sujétale la nuca y la espalda con tu antebrazo y el culete con la mano.

Pásale la esponja con la otra mano. Usa una emulsión sin jabón, aclárale y sécale con toquecitos de toalla, sin restregar. Incide en los pliegues de la piel, para evitar hongos e irritaciones. Luego, hidrátale la piel. El baño debe durar 2 o 3 minutos.

El baño del bebé

Te damos unas pautas que pueden serte útiles, sobre todo en los primeros baños

Bañar a un ser diminuto y frágil que se desliza entre las manos puede ser bastante estresante, sobre todo si el bebé no parece muy feliz con la idea. Antes de meter las manos en el agua, conviene tener claras algunas ideas.

Baño de esponja

Primero, la cara: Los baños de esponja (sin inmersión) son la mejor forma de asear a un recién nacido, al menos hasta que cura el cordón umbilical. Para ello, tumba al bebé sobre un reposa bebés cubierto con una toalla o paño. Luego moja y escurre un guante de aseo o esponja bien limpia en agua tibia o con un poco de gel neutro y lávale la carita y la cabeza, frotando con mucha suavidad. Utiliza un algodón para limpiarle los párpados, desde el interior hasta el borde exterior.
 
El cuerpo.

Puedes continuar solo con agua (sin gel), a no ser que el bebé se haya ensuciado o despida olor. Mojando y escurriendo a menudo el paño con una mano, lávale la espalda y el resto del cuerpo, dedicando especial atención a los pliegues del cuello, las axilas, las orejas, y la zona del pañal. Lava también los espacios entre los dedos de los pies y de las manos. Para evitar que el bebé coja frío, destapa solo las partes que estás lavando.

Bañera para el bebé

Hay muchos tipos de bañeras: rígidas, inflables, plegables... Algunas madres prefieren incluso utilizar la pila de la cocina o un barreño, con una toalla o goma en el fondo, para que el bebé no se escurra. Como medida primordial de seguridad, debes asegurarte de tenerlo todo a mano antes de bañar al bebé (ver: Cosas que debes tener a mano...). No intentes nunca hacer otra cosa, ¡ni siquiera contestar al teléfono!, mientras bañas al bebé. Si algo te interrumpe, sácalo del agua, envuélvelo en una toalla seca y llévatelo contigo. ¡¡¡ Jamás dejes al bebé solo en el agua!!!

Vigila la temperatura

No hace falta que llenes la bañera. Apenas 5 centímetros bastan. Otro gesto que hay que repetir cada vez es el de comprobar la temperatura del agua, que debe estar entre los 30ºC y 35ºC. (Para evitar sustos, lo mejor es mantener siempre el termostato del agua caliente de la casa por debajo de los 45ºC). La temperatura de la habitación también es importante: vigila que esté en torno a los 21-23º C.

Ofrécele apoyo

Un brazo y una mano sosteniendo cabeza y espalda dan al bebé sensación de comodidad y aportan seguridad. Para ello, rodea la espalda del bebé con el brazo y sujétalo firmemente con la mano en la axila. Para lavarle la espalda y el culito, inclina al bebé hacia adelante, sobre tu brazo, sin dejar de agarrarlo por la axila. Al igual que con los baños de esponja, no olvides limpiar bien los pliegues de las axilas, detrás de las orejas, el cuello, la zona del pañal y los espacios entre los dedos de pies y manos. Sostén firme y delicadamente la cabeza del bebé hacia atrás cuando le laves y aclares el cabello y procura no prolongar mucho esta operación (los bebés no suelen mostrarse muy felices cuando les lavan la cabeza...)

Y si el bebé llora…

Si el bebé llora intensamente durante el primer baño, mantén la calma. Lávale como mejor puedas y luego sácale y envuélvele en una toalla. Espera unos días antes de volver a introducirle en la bañera. Mientras tanto, puedes regresar a los baños con esponja.

Cosas que debes tener a mano antes de bañar al bebé

1. Reposa bebés y toalla de apoyo

2. Guante y/ o esponja limpios

3. Gel y/o champú neutro

4. Toalla para envolver al bebé (mejor con capucha)

5. Toalla suplementaria (por si se moja la anterior)

6. Pañales

7. Ropita limpia

8. Bolitas y bastoncitos de algodón

9. Cepillo suave para el cabello

10. Crema para el culito

¿Cuándo puedo darle a mi bebé su primer baño?

Lava a tu recién nacido con un pañito suave humedecido en agua tibia durante la primera semana aproximadamente, o hasta que se le caiga el cordón umbilical y se le cure completamente el ombliguito. (Para saber cómo cuidar el cordón umbilical, puedes leer nuestro artículo.)

Después puedes bañarlo en una bañerita para bebés. Muchos expertos consideran que solamente necesitas bañar a un bebé de pocos meses una o dos veces a la semana, ya que los bebés no se ensucian mucho hasta que no empiezan a gatear (asegúrate de limpiar muy bien la zona genital cada vez que le cambies el pañal). Sin embargo, en España es común bañar a un bebé de pocas semanas a diario. No hay inconveniente con un baño diario, si esto es lo que prefieres. Usa jabón suave o especial para recién nacidos y no llenes mucho la bañera, solamente necesitas unos cinco a siete centímetros de agua.
 
Cómo bañar a tu bebé

¿Con qué frecuencia debo bañar a mi bebé?
 
No es necesario bañar a un recién nacido diariamente. Se considera que el abuso de jabones, temperatura excesiva, frecuencia o duración de los baños favorecen la sequedad de la piel y en algunos casos, la aparición de dermatitis, especialmente en los bebés prematuros. Los bebés de pocos meses sólo necesitan bañarse una o dos veces por semana porque, en realidad, no se ensucian mucho hasta que no empiezan a gatear. Sin embargo, tanto a los recién nacidos como a los bebés de pocos meses, hay que lavarles las manos con frecuencia y limpiarles con cuidado el área genital siempre que se les cambie el pañal, así como las axilas y otros pliegues en la piel cuando sea necesario. Sin embargo, es una práctica común en nuestro país bañar a un bebé de pocas semanas a diario y muchos padres usan el baño diario como parte de su rutina nocturna porque tranquiliza a sus bebés. No hay inconveniente con un baño diario, si esto es lo que prefieres, siempre que uses un jabón especial para bebés y no abuses de éstos productos. También puedes bañarlo sólo con agua.
 
Sin embargo, es mejor no sumergir al bebé por completo en una bañera hasta que se le caiga el cordón umbilical. Durante esos primeros días, puedes limpiarle todo el cuerpo con una esponja muy suave o un pañito húmedo.
 
El uso de jabones y otros productos está especialmente contraindicado si tu bebé ha nacido prematuro porque su piel todavía no está completamente desarrollada. Consulta con tu pediatra para saber cómo debes cuidar la higiene de tu bebé, si ha nacido antes de tiempo.

¿Dónde debo bañar a mi bebé?
 
En lugar de usar la bañera para adultos, lo cual exige que te arrodilles y te inclines en una posición muy poco cómoda, además de proporcionarte menos control sobre el bebé, lo mejor mientras el bebé es aún muy pequeño uses una bañerita para bebés que puedes poner sobre una superficie elevada y resistente, como una mesa fuerte o una encimera de la cocina.
 
¿Cuál es la mejor manera de bañar a mi bebé?
 
A continuación te explicamos cómo hacerlo y qué necesitarás para facilitar tu tarea. Con un poco de dedicación y cariño, verás que la hora del baño se transformará en una de las actividades que más disfrutarás con tu bebé.

1. Reúne todo los artículos que necesites para el baño.

2. Llena la bañera con 5 ó 7 centímetros de agua templada, pero no caliente, a una temperatura aproximada de 32 grados centígrados.
 
3. Trae al bebé a donde lo vayas a bañar y desvístelo por completo.
 
4. Sumerge poco a poco al bebé en el agua, usando una de tus manos para sostener su cuello y cabecita. De vez en cuando, vierte un poco de agua con un vaso o taza de plástico sobre su cuerpo para que no se enfríe. Ten en cuenta que el cuerpecito enjabonado de un bebé es muy resbaladizo, o sea que procura sujetarlo firmemente.

5. Usa muy poco jabón (ya que puede resecarle la piel) y lávale el cuerpo de arriba abajo y de delante hacia atrás usando tu propia mano, una esponja muy suave o un pañito húmedo. Luego lávale el cuero cabelludo de la misma forma y usa una bolita de algodón húmedo, u otro pañito, para limpiarle los ojos y la cara. Lávale de forma normal el área genital del bebé, porque no requiere un lavado más a fondo que el resto. Si en las comisuras de los ojos o en la nariz se le ha acumulado algún moquito o alguna secreción reseca, mójalo varias veces con un poco de algodón o un pañito para que se ablande antes de limpiarlo.

6. Enjuaga completamente al bebé ayudándote de una esponja o un pañito limpio.

7. Envuelve a tu pequeñín en una toalla con capucha y sécalo con suavidad, sin frotarle la piel. Si tiene la piel reseca o tiene un poco de irritación en la zona del pañal, puedes ponerle una loción hidratante para bebés.

¿BAÑO AL NIÑO A DIARIO?

No es necesario pero sí recomendable. Durante los 2 primeros meses un baño de cinco minutos es suficiente.

Utiliza un jabón para bebés o sólo agua para no resecar su piel y dos esponjas naturales, una para el cuerpo y otra para el culito.

Ten en cuenta que si su piel es atópica precisará jabones específicos y mucha hidratación posterior.

En el caso de las niñas, hay que lavar sus genitales de delante hacia atrás, para evitar que gérmenes de la zona anal contacten con la vagina.

El baño del bebé: guía útil

El baño del bebé es más que una cita con la higiene, también es una grata ocasión para mimar al pequeño y permitirle disfrutar del agua. Una guía sobre cuándo, cómo y con qué productos asear al bebé.
 
El baño del bebé representa una buena costumbre diaria que, no obstante, es necesario afrontar con las debidas precauciones.

Se puede empezar a bañar al pequeño a partir del momento en que el ombligo ha cicatrizado por completo, después de la caída del muñón umbilical (que se suele producir durante los primeros 15 días).

Báñalo antes de cenar, es ideal

Para el baño no existe una hora fija. Sin embargo, la experiencia aconseja realizarlo antes de la toma de la noche, alrededor de las ocho, porque el baño ayuda al pequeño a relajarse y, por tanto, a conciliar más fácilmente el sueño.

Cuando llega el momento adecuado, es preciso tener a mano todo lo necesario: una toalla, una esponja o una manopla, y productos limpiadores muy delicados, especialmente estudiados para la piel del recién nacido.

Comprueba la temperatura del agua

La temperatura del agua se debe situar alrededor de los 37-38 grados. Te puedes servir de un termómetro, pero con la experiencia conseguirás comprobar la temperatura simplemente sumergiendo el codo en el agua.

El bebé debe introducirse en la bañera mediante movimientos seguros, sumergiéndole en el agua de forma gradual. Hay que sujetar al pequeño firmemente; la espalda y la cabeza se deben apoyar en el antebrazo izquierdo de la madre, que al mismo tiempo le sujetará el brazo y el hombro con la mano. Así, se le podrá lavar fácilmente.
 
Los productos ideales

Es preciso escoger productos limpiadores específicos para niños, que tengan un pH de 5,5, aproximadamente. También están indicados los denominados "limpiadores sin jabón", que son ricos en cera y almidones.

Si el bebé parece predispuesto a padecer reacciones alérgicas, es mejor dar preferencia a los aceites de baño que, al margen de desarrollar una acción calmante e hidratante, refinan el agua que es muy calcárea.

Para lavar el cuerpo del pequeño, utilizaremos una esponja natural. Para la cara, podemos servirnos de gasitas previamente humedecidas, o de toallitas humedecidas.

Una o dos veces a la semana, se ha de lavar el cabello del bebé con un champú específico, preferiblemente de los que desarrollan una acción antiséptica, que tenga un pH de 5.5.

Sobre todo durante el primer año, se deben evitar los champús que contienen sustancias que sean potencialmente irritantes.
 
El toque final: la colonia

Al término del baño, se ha de secar al pequeño muy bien con una toalla, sin frotar. Antes de descubrirle para vestirle, es mejor esperar unos instantes para que tenga tiempo de aclimatarse al ambiente fuera del agua.

Después de secarle, podemos aplicarle una crema hidratante o utilizar un poco de talco líquido, vertiendo primero una pequeña cantidad en la palma de la mano, para después masajearle suavemente la piel.

El baño proporciona la higiene necesaria al pequeño, pero además es un momento muy placentero; tanto para el bebé como para la mamá. Veamos, paso a paso, cómo llevar a cabo este “ritual” cotidiano.
 
1. CÓMO SUMERGIRLO

Cuando vayamos a sumergir al niño en la bañera, apoyemos su cabeza en el hueco de nuestro brazo, sosteniendo a un mismo tiempo la parte exterior de su hombro con la mano. Pasemos el otro brazo por debajo de sus nalgas y sujetémosle por un muslo.

Sumerjamos al pequeño en el agua, empezando por los pies.

2. PRIMERO, LA CABEZA

El momento de lavar la cabeza Es algo que los niños no suelen agradecer mucho. Para hacerlo sin problemas, mantengamos al pequeño en posición horizontal, apoyando la cabeza en el hueco de nuestro brazo. Después, enjabonémosle La cabeza con mucha delicadeza.

3. LA ESPALDA Y EL RESTO DEL CUERPO

Lavémosle el resto del cuerpo con una esponja natural. Limpiémosle con mucho cuidado todos los “plieguecitos” de su cuerpo. Es muy importante que no realicemos en el agua movimientos bruscos con el niño, que podría asustarse y ponerse a llorar.

Para lavarle la espalda, cojamos al niño por la parte exterior de su hombro, pasando nuestro brazo por delante de su pecho. El niño se sentirá protegido.

4. CÓMO SECARLE

Finalmente, saquemos al pequeño e la bañera con mucho cuidado. Después, tendamos al niño sobre el cambiador y envolvámosle en una toalla, que también utilizaremos para secar el interior de los pliegues de su piel.

El aseo del recién nacido, cuando aún no se puede bañar, requiere delicadeza y muchos mimos. Te explicamos cómo asear a tu bebé, paso a paso.
 
Mientras no se puede bañar al bebé, la higiene del recién nacido debe realizarse con esponjas empapadas en agua templada, con las que se limpia todo el cuerpo, a excepción de la zona del cordón umbilical.

¿Cómo le baño?

¿Sabré bañarle?

Si no te sientes segura a la hora de bañar al bebé, sigue estos pasos. Pronto te convertirás en una experta y tu hijo y tú disfrutaréis muchísimo de este momento.

Caldea el cuarto de baño para que no pase frío al meterlo y sacarlo. Y ten todo a mano (esponja, jabón, toalla...), o tendrás que ir con él a buscarlo.

Llena la bañerita hasta menos de la mitad con agua entre 37 y 38 ºC. Mejor que con el codo, compruébala con un termómetro de baño.

Quítale la ropa en el cambiador y métele en el agua. Para sujetarle, pasa uno de tus brazos por detrás de su cabecita y cógele por la axila.

Lávale con la otra mano, empleando dos esponjas diferentes: una para la zona genital, a la que puedes añadir unas gotas de gel para bebés, y otra para el resto del cuerpo.

Háblale todo el tiempo para que se sienta seguro y protegido.

Antes de sacarle, aclárate bien las manos para que no se te resbale.

Una vez fuera, sécale muy bien y ponle crema hidratante (muchos recién nacidos tienen la piel seca), calentándola antes entre tus manos para que no la note fría. Si usas colonia, no se la pongas directamente en la piel (podrías irritársela), sino en su ropa.

¿Le baño desde el primer día?

Puedes hacerlo sin problema, pero recuerda que el baño no debe durar más de tres minutos y que luego debes secarle muy bien la zona del ombligo para evitar que se le infecte. Si no te sientes muy segura, los primeros días puedes bañarle en seco, es decir, pasándole una esponja humedecida en agua tibia.

El Primer Baño Del Bebe

El bebé debe recibir su primer baño al otro día de la caída del cordón umbilical (aproximadamente entre los 7 y 14 días de nacido).
 
Más allá de la higiene tiene que ser un tiempo de juegos y afectos.
 
La temperatura del agua debe estar entre los 30 y 32 grados centígrados (probar previamente con el codo o con la mano del adulto para ver si es adecuada, también se comercializan termómetros de baño).
 
A su vez la temperatura del ambiente debe ser de entre 24 y 26 grados centígrados.
 
Lo ideal es realizarlo en conjunto (madre y padre con el niño).
 
Bajo ningún concepto deje solo al niño, (ni por un segundo).
 
Se recomienda hacerlo por la tarde-noche para permitir una mejor relajación del bebé, pudiendo dormir luego con más facilidad.
 
Use jabones neutros de glicerina, jabones de avena o jabón blanco.
 
No se recomienda el uso de champo, para impedir reacciones en la piel delicada del bebé.
 
Secar bien al niño, en las zonas de pliegues, para impedir la posibilidad de dermatitis e infecciones por hongos en el futuro cercano.
 
No abusar del talco luego del baño ya que el bebé puede aspirarlo.
 
Duración máxima de 25 minutos.
 
Haga del baño una verdadera fiesta de amor.

Los baños no deben ser muy largos, cuatro o cinco minutos son suficientes para asear al niño. Cuando sea más mayorcito puedes dejarle que se recree en la bañera unos cuantos minutos más.

Utiliza un jabón especial para bebés y una esponja natural. El agua debe estar a unos 36-37 ºC (algo menos en verano). Al terminar, sécalo muy bien, prestando una atención especial a los pliegues de la piel, y dale un masaje con crema hidratante. Esto también le relaja mucho y le prepara para un buen sueño.

Así transcurre el día a día con el bebé. Siguiendo rutinas conseguirás que vuestros horarios al fin coincidan

Sus primeros baños

Le ves tan pequeño y tan frágil que te da miedo bañarle. Con nuestros consejos y este shopping que te hemos preparado con todo lo necesario para el baño, te resultará más fácil.

Algunos pediatras recomiendan no bañar al bebé hasta que se le haya caído el cordón umbilical, limitando la higiene a un baño en seco con leche limpiadora.

Otros no encuentran ningún inconveniente en hacerlo, siempre y cuando sea un baño corto y pongas especial atención en el secado de la zona del cordón.

Cuando se le caiga el cordón ya no tendrás ningún problema en bañar a tu bebé. Será tu arma para tranquilarlo antes de cenar . Le relajará y dormirá tranquilito toda la noche. O bien, puedes darle el baño por las mañanas para despertarle si resulta ser un dormilón.

EL AGUA

La temperatura del agua debe estar entre 34 y 37 grados. Compruébala con un termómetro de baño o hunde tu codo en ella. La bañera, que debe ser adecuada a la edad y al tamaño del bebé, tiene que llenarse unos 10-15 centímetros, para que el agua cubra su cintura y así evitarás que se enfríe.

La habitación del niño también tiene que estar preparada para cuando le saques del baño. Asegúrate que la temperatura del baño está entre 22 y 25 grados.

Procura tener todo lo necesario a mano para no dejar ni un momento solo al bebé en la bañera: jabón, gasas, antiséptico para limpiar el cordón, toalla, las tijeras para cortarle las uñitas…

¿CÓMO LE BAÑO?

La mejor manera para sujetar al pequeño es pasando el brazo por debajo de su nuca y agarrándolo por su brazo. Con la otra mano se cogen las piernas y se le deja en el agua. Una vez libre, la usarás para lavarle. Si utilizas una hamaquita para la bañera, te resultará mucho más fácil manejarte ya que el bebé estará apoyado y no se resbalará.

Empieza a limpiarle la cara, después el cuerpo y las extremidades, y termina por la cabeza, poniendo especial atención en los pliegues cutáneos.

Para limpiarle bien utiliza una esponja marina natural, una suave o la mano con jabón especial para bebés, pero nunca lo eches directamente sobre su piel.

Lava el pelo del niño echando su cabecita hacia atrás y pásale una esponja con un poco de agua o champú, frotando suavemente, y acláraselo con cuidado.

Para sacarle de la bañera le tienes que coger con las dos manos y envolverle con una toalla grande de algodón. Una vez fuera, colocas al bebé encima del cambiador y comienzas a secarle bien y con mucho cuidado, sin frotar, especialmente en los pliegues del cuello, las ingles, los muslos…